Medicina Horthomolecular
MEDICINA ORTHOMOLECULAR Prensa
PREVENI LA DEPRESION
dEs una de las enfermedades más fre¬cuentes en estos tiempos, junto con el estrés y los ataques de pánico. Pero lo cierto es que no se trata de un fenómeno actual, sino que, por el contrario, la angus¬tia, los trastornos del ánimo y la depresión siempre ocurrieron: antes, sus síntomas simplemente pasaban inadvertidos o ter¬minaban siendo mal diagnosticados. La buena noticia es que hoy se ha estudiado a fondo la depresión, pudiendo encontrar modos de prevenirla, lo que nos brinda un panorama ampliamente más alentador. Todos, alguna vez (incluso, desde la in¬fancia), podemos haber sentido una opre¬sión en el pecho, cefaleas, temblores, con el desencadenamiento posterior de una crisis de llanto que nos desahogaba par¬cialmente: eso era la angustia, preludio de la depresión. Luego, si los pensamientos negativos continúan, "se llega al desgano por todo, se deja de trabajar, de estudiar, de hacer las mínimas cosas. Cuando la depresión es grave, aparece el insomnio, la falta de apetito e ideas de suicidio que, en la mayoría de los casos, no se concre¬tan", explica la doctora María Alejandra Rodríguez Zía, especialista en tratamien¬tos alternativos para Ja depresión También suelen aparecer una serie de síntomas que se vinculan a cambios en nuestra conducta habitual: problemas para experimentar placer, agitación o ra-lentización mental y física, sentimientos de culpa o de inutilidad, y dificultades para concentrarse.
Un proceso, muchos factores
Los traumas tempranos desembocan, casi siempre, en una depresión, si bien no se ha demostrado una relación directa
de causa-efecto. Por eso, la comunica¬ción afectiva es fundamental a la hora de educar y ayudar a que los niños crezcan seguros de sí mismos, y que sean perso¬nas felices y bien constituidas. "Algunos infortunios personales a lo largo de la vida, como ser robado o atacado; sufrir proble¬mas domésticos o económicos; perder el trabajo; sobrellevar dificultades matrimo¬niales, como un divorcio o una separación, y perder a un confidente íntimo son los principales causantes de este padecimien¬to", ejemplifica Peter Kramer, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Brown y autor del libro Contra la depresión. Otros factores desencadenantes son la enfermedad, una crisis grave o la muer¬te de un ser querido. Lo que generan en primera instancia estas situaciones es un alto nivel de estrés. La respuesta al estrés es lo que desemboca finalmente en una depresión. Aunque ciertos niveles de estrés son fundamentales para la su¬pervivencia, cuando esta sensación de cansancio y desgano se prolonga du¬rante mucho tiempo, puede producir un daño mayor.
"El estrés conduce a la producción de ciertas ,'?armo,'?as qw dañan /as célalas cerebrales e interfieren en el proceso de reparación celular, especialmente del hi-potálamo. Este es el que se encarga de frenar la producción de esas hormonas del estrés; pero si está dañado, no pue¬de hacerlo. Entonces, las hormonas con¬tinúan circulando sin control, el cerebro es afectado biológicamente, y aparece el daño físico", señala Kramer. Así, el estrés prolongado causa la depre¬sión, y esta causa más daño y la po¬sibilidad de futuras depresiones. Ahí es cuando la intervención profesional juega un papel clave.
Detección precoz
El problema más frecuen¬te es que, cuando las personas comienzan a identificar los pri¬meros síntomas, como cefaleas, contracturas, gastritis, sue¬ño alterado o temblores y palpitaciones, van a su médico de confianza, piden estudios de rutina y no encuentran nada. Sin embargo, no se tienen en cuenta los factores centrales de la personalidad del depresivo. Por eso, en muchos casos, un diagnóstico acertado puede llevar más tiempo de lo deseado.
Los profesionales de la medicina bio-molecular se enfocan en la detección temprana de este padecimiento: "Pue¬den ayudar antes a detectar estas al¬teraciones con un buen diagnóstico y colaborar con la medicina convencional, para que la gente que no tiene una pato¬logía psiquiátrica grave pueda ser aten¬dida de una forma más natural", aclara Rodríguez Zía.
La importancia de la detección precoz radica justamente en que, cuando la persona ya se encuentra deprimida, no es capaz de tomar medidas frente a su enfermedad, dado que entra en la negación de lo que le sucede, o se su¬merge en la dinámica de culparse a sí misma o de sentirse merecedora de los males que está padeciendo. La depresión tiene tratamiento, se sabe. Los psiquiatras se valen de medicación y psicoterapia, en conjunto, para que los pacientes mejoren con más rapidez. La psicoterapia debe conducir a un enri¬quecimiento de la vida emocional y a un nuevo descubrimiento del "y°"l Ia medi¬cación, a su vez, permite que la terapia sea más efectiva, ya que ayuda a los pa¬cientes a ser más receptivos y a pensar con claridad.
Cuando, según la medicina clínica, el paciente se halla ante un cuadro de de¬presión, el trabajo biomolecular puede aportar mucho al tratamiento. "Damos los elementos que el cerebro perdió, para reponer y equilibrar la química ce¬rebral. Así, el paciente podrá tener la oportunidad de evitar la toma de drogas que son extrañas al organismo y que, en la mayoría de los casos, producen una dependencia y son my difíciles de de¬jar", argumenta Rodríguez Zía.
Los profesionales biomoleculares propo¬nen una alternativa a los psicofármacos, no sólo para evitar su consumo, sino tam¬bién para ayudar a que el paciente vaya bajando la dosis si hace mucho que está medicado. "Les brindamos parte de los elementos que producen los efectos que estas drogas le están provocando en for¬ma artificial", amplía la doctora.
Prevenir es sanar
La emotividad, en especial, la fragilidad frente a la decepción, es un factor de ries¬go para sufrir depresión. Del mismo modo actúan el pesimismo, tomarse las cosas muy a pecho o aferrarse demasiado en los sucesos negativos. Algunos de los que padecen estos factores encajan con el estereotipo de la persona socialmente quisquillosa y emocionalmente sensible; esto los conduce a un rechazo y un aisla¬miento que potenciarán las posibilidades de que la depresión se desencadene. Sin embargo, existen otros elementos que son esenciales a la hora de ayu¬dar a un paciente depresivo y que se¬rán determinantes para su sanación. El contexto de la persona y el afecto que le brinden quienes la rodean son fundamentales. En la depresión, el componente genético influye en un 40%, pero el resto es ambiental. Esto significa que si mantenemos hábitos de vida saludables y tenemos relaciones satisfactorias, estaremos previniendo, en buena medida, que la depresión apa¬rezca. Si ya apareció, estos elementos sin duda colaborarán en que el trata¬miento resulte más efectivo. Hay tantas causas para que una de¬presión aparezca que resulta difícil y un tanto arriesgado dar consejos de prevención prácticos. Sin embargo, el profesor Kramer nos ofrece algunas sugerencias: "Mantener relaciones en las que puedas confiar y que te sirvan de soporte, o hacer aquellas cosas que te hacen sentir bien evitan el riesgo de deprimirse. Y, desde luego, que nunca falten el sol y el ejercicio físico".
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